• Buenaventura Luna en Argentina Folklore / España - Un algarrobo y foto célebre

    Los tres elementos se conjugan en esta nota cuya base es el comentario de Carlos Semorile en el portal dedicado a su abuelo, Buenaventura Luna.  En ella nos habla de un poema del gran hombre del folklore argentino nacido Eusebio Dojorti en Huaco, Provincia de San Juan, Argentina. Y nos muestra en una fotografía un algarrobo. Añadimos en la nota la foto de la gran artista nacida en AlemaniaAnnmarie Heinrich, que retratara a las grandes figuras y personalidades de Argentina durante décadas. Éste es el resultado:

    El algarrobo

    Por Carlos Semorile

    Hace un tiempo nos regalaron una foto del algarrobo que está al pie de la tumba de Buenaventura Luna en Huaco. Las imágenes habituales de este árbol nos lo muestran en su relación con la tierra gredosa, singularmente vinculado a la última morada de Eusebio Dojorti. Pero la toma del dibujante Cristian Mallea (de estirpe sanjuanina, hijo de un jachallero de la Punta del Agua), va en busca, son sus palabras, de “esa luz que no se encuentra por estos días en Buenos Aires”. “Esa luz”, como apunta Hebe Almeida de Gargiulo, permaneció siempre encendida en el espíritu del poeta huaqueño y a su entender merece un trabajo que estudie el modo en que, una y otra vez, aparece en la obra de Buenaventura. Todo ello nos lleva a releer unos versos de Dojorti/Luna, un poema en el que los árboles y la luz hacen su mestizaje de amor y vida.
     

    Fotografía de Buenaventura Luna / Eusebio Dojorti, hombre clave del folklore argentino, realizada por la gran artista alemana Annemarie Heinrich

     

     

    Los árboles

    ¿Cómo nací? Lo ignoro. Tal vez gimiendo.
    Desnudo y hambriento: menesteroso.
    Cuando quise acordar, ya estaba viviendo;
    y nunca pude saber si infortunado o venturoso.
     
    ¡Qué bien me acuerdo de aquellos años
    de sorpresas y deslumbramientos! No me dolía
    nada. Y fui feliz con engaños
    que me forjé con retazos de sueño y fantasía.
     


    Cierto. Todo me sorprendía
    y encantaba. La luz,
    (la luz fue mi alimento total y permanente)
    se me fue mostrando en todo: en la polifonía
    de los pájaros, en el canto del río,
    en el canto del hombre
    y hasta en el resplandor sagrado
    de la cruz.
     
    No me dolía nada… Y un día me dije:
    “También la tierra es madre y hembra.
    Tiene que ser dichoso el que la siembra”.
    (Me lo dije a raíz de un dolor
    y puesto que ya bien sabía
    que si yo vivía
    fue porque siempre me cuidó el amor).
     
    El hombre sólo es enteramente libre cuando canta (por el gusto de cantar).
     
    Mis árboles trabajan mientras duermo.


    Argentina Mundo homenajeando al sanjuanino que llevó el folklore de las provincias argentinas a Buenos Aires

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