• Argentina Provincias - Guillermo Landsiedel, emigrante interior

    Ese sentimiento, la añoranza, que los gallegos llaman morriña y los portugueses saudades, la vivimos los argentinos no sólo cuando emigramos al exterior, sino también cuando nos vamos de nuestro pueblo o ciudad provinciana de Argentina, a otra región, la capital provincial o la Buenos Aires metropolitana. Es el caso de Guillermo Landsiedel con quien contactamos cuando participó en la Payada Online de Argentina Folklore y Provincias. Vamos a su encuentro…

    ¿Dónde has nacido Guillermo?


    Nací en Pehuajó, Provincia de Buenos Aires, el 20 de Agosto de 1957. En 1976 me mudé a La Plata. En la Universidad Nacional de La Plata obtuve el título de Ingeniero en Telecomunicaciones en 1983, profesión que desde entonces ejerzo.

    ¿Por dónde estás ahora?

    Guillermo Landsiedel, ejecutivo argentino nacido en Pehuajó, Provincia de Buenos AiresVivo en Acassuso, soy separado y tengo dos hijas, Agustina de 24 años que vive en Montevideo, Uruguay, y Lucía de 18. Trabajo en Alcatel Lucent de Argentina S.A. como Director Comercial, pasando previamente por otras corporaciones y también por la Función Pública.

    Ya te vimos muy puesto en eso de versear cuando participaste en nuestras payadas online, Guillermo. ¿Acostumbras verter tus ideas en poemas, escritos, relatos?

    Esto de escribir me ha surgido hace pocos años, y puedo decir que disfruto mucho haciéndolo. No tengo formación en este sentido, más que la de un Colegio Secundario. También disfruto escuchando Folclore y Tango, y cuando hay alguna oportunidad me entrevero entre los cantores. Una mezcla de audacia con “caradurismo”, digamos…

    Es posible en el canto, Guillermo, porque escribiendo lo haces muy bien. ¿Sabes? Aquí, desde lejos, agradezco cada día la formación que recibí en Argentina al cursar el ciclo de enseñanza secundaria. Entre otras cosas, porque nos metieron en el mundo de la literatura, nos abrieron ventanas hacia la lectura… vamos, que podemos hablar con propiedad y de igual a igual con españoles sobre sus escritores… debemos acostumbrarnos a destacar nuestros aspectos positivos como individuos y país, eso creo.  Pero vamos a ver… ¿Sueles ir por Pehuajó?

    Guillermo Landsiedel, ejecutivo del área comercial en Argentina, practicando su deporte preferido, la pescaAmo profundamente a mi Pueblo, Pehuajó, a su gente, y tantas veces como me resulta posible visito a mi familia…  Padre, Madre, Hermana, Cuñado, Sobrinos y un montón de Tíos, Tías, Primas y Primos que allá viven. Y por supuesto a aquellos amigos con quienes di mis primeros pasos y aún hoy caminamos juntos. Y lo seguiremos haciendo por siempre.

    ¿Y si te pido que armes un relato donde esté presente tu sentimiento pehuajense, Guillermo Landsiedel?

    Con mucho gusto, me referiré al tren que es símbolo del irse y el volver…

    Hombre! Un día lo entrevisté al escritor español Julio Llamazares y el tren fue el hilo conductor que surgió, pues él lo retrata permanentemente en sus escritos y aún en documentales de televisión… por lo mismo!  Tienes la palabra…

    El Tren

    “Me siento volver… después de muchos años, de mucho camino, me siento volver. Hoy más que nunca se refresca en mi mente aquél momento en la Estación, cuando tomé el tren que me llevaría a encontrar el futuro, con la compañía de aquél gran amigo que se fue tan joven, “Mareque” Graciano. Era noche, y yo feliz me iba de mi Pueblo, Pehuajó.

    A los 18 años todo está por descubrir, y todo lo desconocido tiene ese magnetismo irresistible que lo hace ver hermoso. Y uno no se detiene a pensar en lo que deja, porque supone que no lo deja, que eso está y estará ahí, que uno es parte de eso y lo nuevo es algo que se agrega, nada más…  Pero no es así…

    El tren arranca y se va, y uno se va con él, inconscientemente, sin sentir pena, uno se va…

    Llegar es como volver a nacer en un nuevo lugar lleno de atracciones y con 18 años, que uno supone es toda una vida de experiencias ganadas, que uno supone se las sabe todas, que uno supone… Con el tiempo uno se va apegando a lo nuevo, empieza a ser parte de eso. Y por supuesto uno hace su vida, arma su vida, ama, y hasta llega a ser feliz. Y, conscientemente, no extraña. Disfruta de esas visitas “relámpago” a su Pueblo, algún asado con aquellos “viejos” amigos, con la familia, pero es como que uno ya no es de ahí… y parece ser feliz…

    Guillermo Landsiedel, Director Comercial de Alcaltel Lucent Argentina, en una foto de su niñez en su ciudad natal, Pehuajó, Provincia de Buenos AiresPero hay un día… un día en que se produce algo extraño, algo mágico, algo “superior”… Ese día uno empieza a mirar nuevamente para atrás, recorre todos los minutos de su vida, todos los hechos salientes de su propia historia, tira del hilo… y ahí está, aparece brillante y hermosa aquella Estación de trenes… y está el tren a punto de partir. Y uno duda si sube o no…

    Después de mis 50 años de vida, comencé a mirar a mi Pueblo, Pehuajó, con otros ojos, con otra perspectiva. No sé por qué, no tengo una explicación, fue algo que surgió de repente y sin pensarlo. Fueron esas fotos mágicas que me transportaban a tiempos que yo ni siquiera viví, fue el inmenso amor que siempre sentí por mis AMIGOS y que nunca me animé a decirles, fue el encuentro de viejos (y también nuevos) conocidos en algún Club tanguero, y dentro mío empezó la necesidad de gritar esto. Y ha salido algún escrito por ahí… en esas noches de desvelo donde la cabeza giraba siempre en torno al pasado. Pero con escribirlo no alcanza, no es suficiente.

    Hoy comienzo una nueva etapa de mi vida, lleno de expectativas. Tengo ya 56 años pero me siento muy joven, con mucha polenta y, lo que considero más importante, con mis sentimientos intactos. Hacia mi Pueblo, hacia mi gente, hacia mí mismo.

    Quiero decirte Pehuajó que esta vez decidí no subirme al tren… acá estoy…”

    Querido Guillermo… a ver si nos encontramos en algún andén para seguir charlando de nuestras añoranzas pueblerinas…

    Ojalá Eduardo, hasta cuando sea…

    Eduardo Aldiser
    Argentina Tango - Radio Aldiser - Argentina Mundo  - Argentina Folklore
     

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    Lista de comentarios

    Ricardo Daniel Bernal20/05/2016 03:23:51

    Guillermo, gran tipo, gran persona, gran amigo. Gran hijo, gran sobrino y gran tío. Gran pehuajense. No agrego más, porque es expresar cosas buenas y lindas sobre "Guillote". Dos cosas nos separan: El fútbol, es hincha de Defensores y yo de Deportivo y Se recibió "En el Nacional" y "yo en el Comercial". Dos pequeñas cosas.... nada más....

    Guillermo Vendrell12/11/2013 02:20:27

    El tren, el antiguo olor de las locomotoras a vapor...
    Siempre me ponía en la punta del andén para sentir ese olor cuando llegaba frenando y resoplando el tren, y si mis amigos no habían llegado, esperaba que partiera viendo el chorro de arena y las chispas chirriando al empezar la marcha después del silbato del guarda y el pitido de la locomotora que anunciaba que se iba.
    Después vinieron las diésel, se acabaron la primera y la segunda, y los días de ir al trabajo de madrugada en la pasarela de la máquina, ¡audacias de la necesidad!
    Pero el tren con que partí por primera vez lejos para no saber si regresaría, fue el último Gran Capitán de los Ferrocarriles Argentinos y mi primera vez saliendo desde Lacroze. Pasé los controles policiales de la salida y ví detenciones en el mismo compartimiento y en la primera parada los camiones militares llevando con los ojos vendados, las manos atadas atrás a varias decenas de chicos y chicas que subían a los camiones de madrugada. ¡Qué dolor partir sin poder hacer nada, con la esperanza de la mentira de regresar antes de 4 años!
    Cuando volví por primera vez, 25 años después, justo la edad extranjera con la que había dejado mi tierra, ya estaban a punto de acabarse. y fui en uno de los últimos Cuyanos con mi madre, mi hijo y mis sobrinos al campo por primera vez en el coche comedor mirando por ambos lados, intentando atrapar todas las imágenes hasta que anocheció y los chicos se fueron a dormir con la abuela.
    Me quedé fumando con un café en la mesa antes que cerraran el coche comedor sin poder contener unas lágrimas que intenté disipar sacando la cabeza por la ventanilla. Después regresé junto a mi familia al coche de pasajeros a recorrer con el hilo musical del traqueteo en las vías, la vida que me habían hecho perder.

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