• Argentina Provincias - La mirada de mi nonno Giovanni

    En un libro tal vez del cuarto o quinto grando, viviendo ya en Rosario, Argentina, vi la foto de un chacarero en una esquina del campo, mirando el horizonte. Era calcado a mi nonno Giovanni Santoni, y sigo pensando que tal vez lo fotografiaron sin él saberlo. Lo cierto es que muchas veces lo vi, en los atardeceres de General Baldissera, allí donde la Pampa Argentina entra en la provincia de Córdoba, en esa postura, mirando al horizonte en el sentido contrario a la puesta del sol, que lo hacía por detrás, más alla de la casa de dos pisos de los Piccat, donde vivían ya los Forneris. La vista clavada hacia un punto lejano, al noreste. Muchos años después pensé que quería llegar con su mirada a la muy lejana aldea, il piccollo paesse de Mont San Vito, en las hermosas tierras de colinas de la provincia de Ancona, Le Marche, Italia, con el Adriático, invisible, hacia el este.

    Un cuadrado de pampa donde el pueblo se iba haciendo campo


    Segmento del mapa de la Provincia de Córdoba, Argentina, donde aparece, en el centro, el pueblo de General Baldissera. En un ángulo, su escudoMuchos días de la niñez, viviendo en el pueblo, y luego en las vacaciones esperadas, cuando residíamos en Rosario, los pasé en esa casa de ladrillos sin revocar, con la típica galeria que daba al sur, cerca el horno del pan, al fondo la quinta, que así llamamos por allí a la huerta... a un costado el potrero con un par de caballos de tiro y el rectángulo de terreno donde sembraban el maíz, con sus hileras de calabazas y zapallitos para el puchero en los bordes, que también alimentaban a un par de cerdos de engorde, cuando los había. Las gallinas, dueñas y señoras de un territorio intermedio que comunicaba casa, patio, huerta y zona de labranza, con algún perro holgazaneando. Ese era el escenario donde vivió gran parte de su vida el marcheggiano que creía ver en la foto escolar, junto a Cestilia Ulissi, su mujer, ambos pequeños, superados en más o menos centímetros por sus hijos, que fueron unos cuantos... Rosita, Juan, Juanita, María, Amelania y Oldemio.

    Mont San Vito, un bello pueblo marchegiano

    Cartel (locandina) anunciando la actuación del tenor Bieniamino Gigli en Mont San Vito, Provincia de Ancona, Le Marche, Italia. Año 1929Lo visité un par de veces, la primera en 1978, tras la que escribí este poema, retocado en el momento de pasarlo ahora mismo del papel a la pantalla. La otra en 1986, ya viviendo en España. Tanto su pueblo como Morro D´Alba, el pueblo vecino de Cestilia Ulissi, son bellísimos museos vivos que hacen juego con otras muchas poblaciones de la región, llamada Le Marche, Las Marcas, pues allí los grandes señores de la península itálica convinieron acotar para uso exclusivo y alimentación del Papa y la población del Vaticano, una región que va desde los Apeninos al Oeste, hasta el Adriático en el Este. Ancona es una de sus provincias y el principal puerto marítimo, capital de la región. Siendo una población que viene de lejos, desde el Medioevo, el hecho que más recuerdan en Mont San Vito, con placa en la plaza principal y carteles (locandini) que reproducen en sus folletos y publicaciones históricas, es la actuación en 4 de setiembre de 1929 del gran barítono italiano Beniamino Gigli. Pocos años después actuó en Buenos Aires y dejó grabado con la orquesta del bandoneonísta Osvaldo Fresedo, una inolvidable versión de Vida Mía. Tengo ante mí una recopilación histórica de la población realizada por Valeria Graziosi, emparentada por vía materna con los Santoni.

    Vista de Mont San Vito, piccollo paesse de la provincia de Ancona, Le Marche, Italia, donde nació Giovanni Santoni, emigrado a General Baldissera, Córdoba, ArgentinaLe Marche, pródiga en alimentos y vinos

    La región cumple con el cometido para la que fue seleccionada. No lejos de los pueblos de mis abuelos se encuentra Iessi, famosa por sus vinos. En toda la zona se producen chacinados, quesos, mieles y sus huertas ven crecer afamadas frutas, verduras y legumbres. Cuando camino por los senderos de Galicia que cruzan zonas rurales, con sus fincas, equivalentes a nuestras chacras pero de dimensiones más pequeñas, muchas veces la imaginación me transporta a esa parte de Ancona, por sus colinas y las casas rurales, productoras de ese conjunto de alimentos, con vides en cada predio. Entonces me vuelven a la memoria estos versos donde recuerdo a mi nonno Giovanni, contadino marchegiano

     

    La mirada de mi nonno Giovanni

    Fue hasta una esquina de campo
    buscando soledad, oteando atardecer,
    sacando música tal vez
    de los siete hilos de las alambradas.
    Una mano acaricia las púas,
    la otra va mesando el bigote.
    Los ojos,
    claros, pequeños, ausentes, lejanos.
    Los ojos van recorriendo esa línea,
    cielo y pampa,
    tierra y aire,
    trigo y nubes,
    ese horizonte vano.
    Él, sin embargo, no lo ve.
    Desde adentro de las pupilas,
    más allá, desde el alma,
    van surgiendo ondulantes
    las mil y una colinas marchegianas.
    Los olivos, las vides, algún jardín,
    el paisaje sube, se eleva, baja.
    Allá Chiaravalle, lontana Ancona,
    aquí Mont San Vito,
    siguiendo Morro D´Alba, Iessi,
    lomada tras lomada.
    Aquel, su paesse, hacia él está mirando.
    Piazza, iglesia di San Giovanni, escalinata.
    Sabores de un pan que la mamma amasa,
    recuerdos de un espeso vino.
    Ahora sigue el camino de cada domenica,
    con mazzolin di fiore hacia Morro D´Alba,
    el encuentro con la fidanzata.

    Sigue mirando lejano
    como adivinando un mar, aquel Adriático,
    aquel que intuía junto a las nubes
    en atardeceres de verano.
    Aquel cuya estela miraba
    en la popa del barco hacia la América,
    designio, llamado,
    así vino mi nonno marchegiano.
    Llegó a un pueblo de piamonteses,
    algún criollo, árboles, caballos.
    Pronto hirió la tierra, rica, negra, pura.
    Derramó la semilla, esperó el verano.
    Con los soles ardientes, los días secos,
    el viento encardado,
    llegaron las mazorcas, maletas, chalas,
    el largo peregrinar por los surcos,
    la juntada.

    Ahora está ahí parado.
    Al buscar un mundo tan lejano
    no percibe el que lo rodea.
    Soldera, el ladrillo modelando.
    Piacenza, harina leudando.
    Mancini, la reja y el arado,
    los Torre entre motores,
    Navarro comerciando.
    Pasa un sulky, una mano en el aire.
    Eh! María Vergine...
    está mi nonno saludando.
    Pero su mirada no está allí,
    sigue lontana, lontana.
    Se quedó subiendo y bajando,
    camino de olivares,
    en Le Marche soñando.

    Eduardo Aldiser
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    Lista de comentarios

    Nélida Puig30/07/2015 00:10:29

    Qué placer y emoción fue leerte y escucharte, querido Eduardo... Hermoso y conmovedor tu poema... una acuarela tu relato... Pude ver la mirada perdida de tu abuelo atravesando la línea de ese horizonte hasta llegar sin límite de tiempo ni espacio, a su paisaje añorado... Gracias, Amigo por compartir este viaje de miradas de alto y profundo vuelo poético y afectivo... la tuya y la de tu nonno Giovanni... Recibe mis felicitaciones y un abrazo emocionado.

    cesar tamborini01/07/2015 23:31:58

    Querido amigo, en primer lugar quiero felicitarte por el poema, que trasunta el cariño hacia tu abuelo, y el hermanamiento de la pampa con su raigambre itálica. Decirte que hacía mucho no leía ni escuchaba sobre ese grande del canto que mencionas, Beniamino Gigli, y nada menos que con un tema emblemático de Osvaldo Fresedo, "VIDA MIA". Y por último pedirte que te dejes el bigote, porque tengo la impresión que serías un calco de tu abuelo. Enhorabuena y fuerte abrazo

    César

    NORMA MONTENEGRO01/07/2015 21:29:57

    Eduardo un estupendo poema ! con vivencias ,sentimientos y recuerdos algo tan afín a mi !

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