• Argentina Provincias - Ricardo Biglieri - Picnic con cuadreras

    "Ese 21 de septiembre, no podría haber hecho mejor homenaje a la estación que comenzaba. Condiciones metereológicas excepciónales como las que estábamos necesitando" nos dice Ricardo Biglieri desde Pergamino, Provincia de Buenos Aires, Argentina

    El picnic de primavera en el Partido de Pergamino

    A la sazón presidente de la comisión cooperadora de la humilde escuela rural, necesitábamos reunir fondos para determinados arreglos y la llegada de la primavera nos daba una excusa para ello. Organizaríamos algo, ahora muy caído en el olvido: un pic-nic, conjuntamente con carreras cuadreras. Junto al tesorero visitamos a la dueña de una estancia cercana, quien gustosa accedió a nuestro pedido de facilitarnos el terreno que poseía una frondosa y extensa arboleda extendida junto al camino, el cual utilizaríamos de “cancha de carreras” para ese día especial.

    Las fiestas del campo argentino en mi época

    En el campo, una reunión danzante era uno de los pocos esparcimientos de la juventud, que ansiosa esperaba el momento, para dar rienda suelta a una tarde de sana alegría, o quizás el nacimiento de algún romance. Sobre todo las jóvenes, para las cuales eran momentos largamente esperados, tan carentes en la región. Otro tanto ocurría con la gente mayor, generalmente peones de estancia que pocas oportunidades tenían de despuntar el “vicio” en cuanto a apuestas o fletes preferidos.

    ¡Y llego la hora del inicio!

    Carruajes del campo argentino, yendo por los caminos de tierra a las fiestas en las estancias, especialmente las de la Provincia de Buenos AiresProlongada fila de carros, volantas, gauchos en sus “montados”, ataviados con sus mejores aperos, uno que otro automóvil propiedad de algún colono “fuerte” de la región, se dirigían en caravana hacia el lugar. Esto ocurría alrededor de las diez de la mañana, generalmente dos o tres familias compartían la sabrosa carne de un cordero al asador, el clásico pollo relleno, ensaladas varias, todo en cantidades pantagruélicas, regados por innumerables damajuanas de vino y sabrosos pastelitos. Los más cómodos almorzaban en la cantina, que para nuestro beneplácito trabajaba a destajo.

     

    Escenario con cuarteto y todo… va cayendo gente al baile!

    Habíamos limpiado a fuerzas de brazos y palas anchas un sector bien sombreado para transformarlo en una pista de baile, con algunas irregularidades en el terreno, pero no desentonaba su cometido. Un amplio acoplado sin barandas cumplía las funciones de escenario, donde un cuarteto cuyo nombre aún recuerdo, “Los cuatro ases”, los cuales frente a un micrófono que nos alquilaba un señor italiano de apellido Caternari, (buen hombre pero algo sordo) ejecutaban  valses, tangos y rancheras. Su audio era bastante deficiente, pero con buena voluntad algo se escuchaba en sus cónicas bocinas, antecesoras de los actuales equipos de sonido. Ese amplio círculo estaba rodeado por sillas donde las madres comentaban con sus circunstanciales vecinas cosas triviales, sin descuidar de vez en cuando darle una mirada a sus hijas, sobre todo si su compañero baile no era de su agrado.

    …y cuando las copas subieron a las cabezas

    Ayer y hoy, libro de relatos pampeanos de Ricardo Biglieri, escritor del Partido de Pergamino, Provincia de Buenos Aires, ArgentinaA las dos de la tarde, ya en plena danza, el efecto etílico empezó a notarse entre algunos concurrentes. Como presidente me tocó actuar como componedor de una situación difícil. Habíamos realizado un baño precario para cada uno de los sexos.
    Unas damas habían concurrido al que le correspondía, pero para su horror se encontraron conque estaba ocupado por un provinciano que se negaba a salir. Al enterarse dos de los novios de ellas, concurrieron y lo sacaron a medio vestir de los brazos y las piernas. Se arremolinó la gente, un compañero de quien se estaba acomodando la ropa, “peló el cabo e` plata” y los desafiaba a pelear  a los jóvenes. Como pude me interpuse y con las manos en los hombros de cada uno  de ellos los fui retirando y calmándolos, pero fue una situación nada agradable.  

    La cantina repleta de paisanaje listo para divertirse

    El viento que se había levantado, la tierra de la pista donde los bailarines levantaban polvo y el audio que en parte brillaba por su ausencia enervaba más de un ánimo. Y el destinatario siempre era el pobre Caternari por su equipo. La cantina trabajaba al máximo. La gente “de a caballo”, el gauchaje, no le importaba la música. Solo esperaban las cuatro de la tarde para que se iniciaran las cuadreras y mientras tanto consumían cerveza, ya caliente para esa hora, porque las barras de hielo se habían derretido. El efecto que ello causaba se adivinaba en el rojo de sus mejillas y las sonoras carcajadas con que celebraban alguna “joda” al candidato de turno.

    Las cuadreras se fueron preparando…

    Y así entre música, cerveza y algunas discusiones momentáneas, llegó la hora. Solo quedaron escuchando y bailando los jóvenes y algunas madres. Los demás enfilaron “pa` la cancha.” El murmullo de la gente era enloquecedor. Se oían gritos de alegría. Aparecieron por el fondo de la pista los dos animales, cubierta por multicolor tapa la yegua, sujetada por un “cabresto” unido al “bozal”, de la mano de vareador habitual. Unos metros detrás el tordillo. Abalanzándose sobre sus patas traseras, parecía que quisiera devorarse la cancha, mientras su corredor, ya montado, trataba de apaciguarlo dándole palmadas sobre su “sudado” pescuezo.

    Las apuestas se escuchaban de uno a otro lado de pista.

    Volviendo a mis raíces, libro de relatos y recuerdos del escritor argentino Ricardo Biglieri,  de Pergamino, Provincia de Buenos Aires-¡Que van cien pesos que el tordillo gana “cortado”! Alguien exclamó.
    -¡Pago! Dice un criollo, con un fajo de dinero en sus manos. ¿Y si le gusta, redoblo la apuesta? - ¡La Tenebrosa pa` todo el mundo! - Así se fue tornándose el clima del juego más pesado. Subían las cantidades en juego cuanto más se acercaba la hora de la confrontación. Estaba pactada a doscientos metros libres y a cuatro partidas.

    Se escuchó el clásico.., ¡Largaron!

    Y la muchedumbre fue cubriendo la pista luego del paso del los fletes. Como partieron, llegaron, cabeza a cabeza, Don Pancho el “rayero” se acariciaba su espesa barba. Consultado “el largador” si estaba todo en orden, con tono firme exclama: -¡La carrera ha sido “puesta”! Revuelo general, trompadas, discusiones, negación de apuestas, la policía que montada repartía “guachazos” a diestra y siniestra para separar, una batahola infernal.

     

    Vaya lío con el gringo Caternari

    De pronto apareció buscándome el “changuito” empleado de “boyero” en mi campo y jadeante me dice. -¡Patrón, patrón! – Vaia a calmar a don Caternari, el gringo está relocaso porque le han roto el “micrófono” en la pelea. “Como para ir a donde están bailando, con el jaleo que estoy teniendo”, le respondo al “chango”. -¡Pero no patrón, el está en ese remolino de criollos, en la sentencia, está enjurecido, vaya que ende no,  lo van a matar! – Dice que ganó el “tordillo”.

    Tanto me insistió que apresurado corrí hasta donde estaba el itálico

    -No es para tomarlo a la tremenda don Caternari, su micrófono ya no quería más guerra e iba a tener que cambiarlo! – Le digo en tono contemporizador.
    Me mira como con rabia y me dice:
    -¡Má de que microfone! me ne estaso parlando- ¡Me hane roto el audífono de una trompada en la oreja, he me habíano  costado chincuenta liras! Per la Madonna…
    ¡Para peore que el “tordillo” habíano ganado per el hocico! ¡He yo le habiano jugado!
    Lo miré al peoncito, que ensayó una defensa.
    -¡Disculpe patrón, yo no sabia que era  un audífono y como terminaba en fono, creí que endesería lo mesmo!
    Por más que me lo propongan ¡Otro picnic no organizo jamás en mi vida!

    Ricardo Biglieri
    Pergamino, Provincia de Buenos Aires, Argentina

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