• Campo argentino. Ricardo Biglieri recuerda aquellas juntadas de maíz

    Al publicar esta colaboración de Ricardo Biglieri en los últimos días de 2013, Argentina Mundo lo felicita a este escritor amigo por la obtención del premio “El Quijote” del epígrafe de literatura en la 14ª edición de los “Premios Culturales de Diario La Opinión y Canal 4” de Pergamino, Provincia de Buenos Aires, Argentina, el 29 de noviembre pasado.  

    Aquellas cosechas de maíz, “la juntada”, con sus trojas


    Hacia fines de febrero llegaba a la Estafeta Postal, indefectiblemente todos los años,  una carta cuyo remitente era Anacleto Íbalo, remitida desde un pueblo de la Provincia de Tucumán dirigida a mi padre. Era el clásico pedido de trabajo para “juntar maíz”,  (no existía en ese tiempo la recolección mecánica) e indefectiblemente los millones de toneladas cosechadas en todo la región cerealista, habían pasado por las manos de aquellos esforzados trabajadores que, en una labor en la actualidad consideraríamos inhumana. La aceptaban porque era la oportunidad de poder obtener un ingreso que les permitiría alimentar a sus varios hijos por cierto tiempo y luego…, sobrevivir de cualquier manera hasta la próxima cosecha. De esa forma, por la comunicación postal se convenían precios por bolsa recolectada, fecha de inicio, números de componentes, generalmente pertenecientes a su grupo familiar y lugar donde habría que ir a buscarlos a su llegada.

    Y así llegó un 15 de marzo en que mi padre en una chata “sampedrina” (1) marchó a la estación ferroviaria de El Socorro y se encontró con siete hombres de curtidos  rostros por el calor tucumano. Su físico denotaba la carencia de una alimentación adecuada. La única novedad era que el capataz había traído a su señora y una tucumanita de dos meses.

    Luego pasaron  por el Ramos Generales donde, con la garantía verbal de mi padre, compraron desde una olla, comestibles, tabaco y papel, algunas ropas, pantalones de lonas, calzado y muchos condimentos para aderezar a los clásicos fideos para el guiso, su habitual comida. Todo ello en forma  conjunta, más alguna compra individual. Nunca desapareció ninguno de ellos alguna noche sin pagar. ¡Como han cambiado los tiempos!

    Llegados al galpón que le serviría de alojamiento cada una se empezó a preparar su cama rudimentaria de paja de lino en un rectángulo de 2m x 1,40m, pero el problema era la pareja matrimonial, cosa que se solucionó preparando su lecho matrimonial sobre un “Break” (2), cuyas barandas de 0,70 cm. le otorgaban cierta intimidad.

    Juntada del maíz en el campo argentino, primeras décadas del Siglo XX, antes de la aparición de la cosechadora automotrízY así a la tarde siguiente estaban marcando su lucha (3) de 24 surcos y comenzando con su trabajo. Iban deschalado las espigas y arrojándolas dentro de una maleta de lona y la parte de contacto con el suelo de cuero, de 2 metros de largo por quizás 0.65 ó 0,70 de ancho en forma de tubo que arrastraban entre las piernas enganchadas a un rudimentario y especial cinto de lona. Al tener la maleta por la mitad daban la vuelta por otros dos sucos y llegaban a donde llenaban las bolsas. Estas eran de una medida de 1,20 metro de alto por 0,75 de ancho, se asentaban en el hueco de dos surcos. Dependía de la ligereza del juntador pero se estaba en un promedio de diez a doce bolsas por día, por persona, aunque algunos llenaban varias más. A la par de esas bolsas, si el día lo permitía en una “pechera” de las utilizadas para arneses de los caballos, como improvisada cuna dormía la tucumanita ¡Qué le habrá deparado el destino a esa hermosa criatura!  Pueda ser que haya sido un poco más generoso que el de sus padres.

    Ahora venía la parte del dueño de la chacra. ¡Había que recolectar y “entrojar” esas bolsas! Aparte de la pérdida de tiempo de ir al Almacén a buscar las provisiones, tenía que cortar la “Guinea”(4) para hacer las trojas, darle forma a estas, que abarcaban un diámetro de acuerdo a la capacidad que el productor calculaba, oscilando generalmente entre los 6 a 8 metros. Esa especie de cilindro era sostenido con alambres en su derredor, espaciados unos de otros por unos 15 a 20 centímetros, porque ya con las mazorcas dentro de ella su presión hacia el exterior era  muy  fuerte y hubo casos de “trojas reventadas” por ese motivo.

    ¿Cómo se hacía para verter dentro de ellas las espigas?  Verán en la foto un palo alto en cuyo extremo pasaba un cable de acero que en forma descendente era amarrado y tensado a dos palos a una distancia de 15 metros aproximadamente cada uno del mayor. Debajo del cable que pasaba por el palo mayor, casi en su extremo, había una roldana donde pasaba una soga que tiraba el “cajón volcador”, recipiente donde se volcaban de a una las bolsas recolectadas en el campo tirándolas vacías a un costado, donde en la noche serían recolectadas por los juntadotes para usarlas de frazadas y su posterior llenado al día siguiente.

    Se ataba ese cajón volcador a esa soga, en su parte inferior tenía una puerta vaivén que, al llegar al extremo medio de la troja, dejaba caer su carga por un mecanismo simple. Aclaró que del otro extremo de la soga, para hacer subir ese cajón, se lo hacía por medio de un caballo a la “cincha”; una vez vaciado se volvía al galope y ese mismo mecanismo, simple pero por razones de espacio difícil de describir, cerraba la puerta inferior, y se repetía la operación treinta veces, que era la carga que generalmente llevaba la chata en cada viaje.

    Y así cada día se iba elevando unos treinta centímetros que multiplicado por los miles de chacras, elevaron a la Argentina con el esfuerzo mancomunados de obreros y patrones al lugar que en su época ocupó.

    (1)  y (2) Tipo de carruaje  (3) Cantidad de surcos (4) Variedad de maíz
     

    Ricardo Biglieri, escritor argentino de Pergamino, Provincia de Buenos Aires, con su premio "El Quijote" del apartado de literatura de los premios culturales 2013 del diario La Opinión y el Canal 4 pergaminenses

    Ricardo Biglieri, Ciudad de Pergamino, Provincia de Buenos Aires, Argentina

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    Lista de comentarios

    NORMA ZABALZA25/04/2015 05:26:20

    Felicitaciones Ricardo,sos un enamorado de nuestros campos y hablas del tema con conocimiento de causa.Adelante!!!!!!!!!!!!

    Marta Susana Siciliano22/12/2013 20:37:01

    Ricardo hace una descripción tan detallada de esas costumbres que él vivió desde su niñez, como muchos de nosotros, que nos hace volver en el tiempo a esas vivencias. Además le pone emoción a sus escritos y a veces, una dosis de humor lo que los hace atractivos para el lector. Felicitaciones, Ricardo y gracias Eduardo por compartirlo.

    Marta Susana

    ELDA ODISIO20/12/2013 02:03:32

    NOSTALGIOSO RECUERDO......AQUELLAS TROJAS........ PASARON MUCHAS COSAS A LA VERA DE LAS TROJAS....!!! ESOS VALEROSOS, INTRÉPIDOS QUE TODOS LOS AÑOS VOLVÍAN A "CARGAR LA MALETA", SINÓNIMO DE TRABAJO FUERTE Y AGUERRIDO ( no cualquiera la cargaba) MUCHAS VECES CON FAMILIA, VIVIENDO PRECARIAMENTE PARA ALCANZAR EL SUSTENTO..............QUE, DICHO SEA DE PASO, EN ESA EPOCA SE GANABA EXCLUSIVAMENTE CON EL SUDOR DE LA FRENTE. Y ESE PAN GANADO ASÍ, SABÍA A COSA LEGÍTIMA......QUE RICO QUE ERA.......!!!!!! OTROS TIEMPOS..... OTRAS GENTES...... OTRA EDUCACIÓN.... OTRA REPONSABILIDAD....!!!!
    PASARON LOS AÑOS Y AHORA ACARICIAMOS EL RECUERDO ........ MUCHAS COSTUMBRES QUE LA TECNOLOGÍA ESTÁ BORRANDO, Y DESGRACIADAMENTE A UN ALTÍSIMO COSTO PARA LA SOCIEDAD.......

    ADOLFO ZABALZA18/12/2013 19:07:38

    Te felicito Ricardo//aunque se de tu sapiencia// conocedor con vivencias//de rancho, potrero y cardos// Aquellos años muy largos// de tu vida campesina// son las nostalgias genuinas// que en tus relatos renacen// y pido a Dios que te abracen// con gusto a savia Argentina.-
    Felicitaciones.- vasco

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