• Carlos Semorile en Argentina Mundo / España - Escritor, difusor de Buenaventura Luna

    Esas tres palabras lo definen en tres facetas. Carlos Semorile ha nacido en Buenos Aires, Argentina. Tiene muchos libros escritos. Otros muchos editados. Nuestros encuentros siempre fueron en torno a su abuelo, Buenaventura Luna / Eusebio Dojorti. Hoy queremos hablar de su vida, sus cosas…

    Y creo Carlos que lo primero debe ser ir hasta el barrio de la niñez, esas escuelas, la formación, aquellos recuerdos…

    Nací y me crie en el barrio de Núñez de la ciudad de Buenos Aires, con la fortuna de que la casa de mis padres estaba en el Pasaje Prometeo, dos cuadras por las que no pasaban colectivos, ni autos casi, ideales para que los pibes del barrio plantásemos la bandera de un territorio exclusivamente lúdico. Y si bien nos parecía extraña esa nomenclatura, fue con su nombre que bautizamos nuestro modesto equipo de fútbol “Los Diablos de Prometeo” y, sin conocer el mito, iluminamos nuestra amistad.

    El colegio, en aquel período, no fue tan crucial como el barrio, algo que se revirtió en parte durante nuestro exilio en Santiago de Chile, en 1972. Allí, los momentos más intensos los viví en las aulas, con amores y enfrentamientos extremos, y en las calles, casi tocando el corazón palpitante de los sufridos chilenos, en marcha permanente por su presidente Allende. Al regreso, nos instalamos en Saavedra, un espacio que, por diversas circunstancias, nunca pude transitar cómodamente: Prometeo comenzaba a ser una nostalgia hermosa pero irremediable.

    A través de su abuela Olga Maestre usted ha establecido un largo puente que lo conecta a nuestro folklore y la cultura de las provincias cuyanas…

    Olga Maestre fue, para todos quienes la conocimos, un manantial de amor y memoria. Con esos materiales, ella forjó, en el niño que fui, primero la curiosidad, enseguida la admiración, y finalmente la veneración por la figura y la obra de Buenaventura Luna. Fue una suerte de educación mítica que me acercó a un pedazo de la historia de nuestra música nativa y a la agitada vida intelectual y política sanjuanina, y que en el plano personal significó un presente maravilloso: Olga me regaló un abuelo.

    Ya a mis catorce años me propuse ordenar los papeles del “Papi” -o del “Viejo”, como cariñosamente lo llamaba su compañera-, pero Olga advirtió mi inmadurez y esa tarea quedó postergada. Los años pasaron y, cuando por fin me hice cargo de sus escritos, descubrí que Olga había evaluado acertadamente la labor de Eusebio: en esas hojas amarillentas y ajadas por el tiempo, vivía uno de esos tesoros que a veces suelen dar los talentos que enraízan y a la vez nutren la cultura popular de los pueblos.

    Nosotros hemos hablado de su libro “Palabras grávidas”.  La misma literatura le ha dado el tema… como en sus otros libros lo han sido sus abuelos maternos…

    Ese libro tiene dos vertientes. Por un parte, se nutre de una tradición lectora que arranca en don Ricardo Dojorti y que ha sido muy fuerte en su descendencia: en su hijo Eusebio, obviamente, y asimismo en los hijos que éste tuvo con Olga Maestre. La propia Olga fue una gran lectora, lo cual explica su valoración del trabajo de Buenaventura durante años de injusto olvido, y en mi caso personal una iniciadora a través de títulos fundamentales durante mi infancia y adolescencia.

    Carlos Semorile, escritor y editor argentino, en los estudios de LR3 Radio Belgrano de Buenos Aires, ArgentinaPor otro lado, “Palabras grávidas” nació gracias a la invitación que me hiciera mi terapeuta Diana Weschler a participar de uno de sus seminarios en “Natal, Docencia en Maternidad”, institución que Diana fundó y dirige, y que es una de las pioneras en todo lo relativo a la maternidad, con especial énfasis en el trabajo con las embarazadas y con quienes las asisten.

    Durante aquellas jornadas fui alcanzado por la conciencia de que es necesaria la humanización del proceso del embarazo, el parto y el postparto, y el resultado fue este ensayo que bucea en el modo en que la buena literatura se ocupa de “alumbrar” cada una de las etapas de este proceso universal, si se quiere más antropológico que histórico, pero atravesado por las febriles encrucijadas de una época que mecaniza los nacimientos, dejando la ternura de lado.

     

     

    Ahora mismo, ¿Está arrimando palabras e ideas en torno a lo que puede ser un libro en poco tiempo, tal vez con su propia editorial?

    Desde hace tiempo, vengo trabajando en lo que por ahora se llama “Linajes políticos, herencias revolucionarias”. Se trata de la historia político/cultural de la familia Dojorti/Maestre. Comienzo por los antecedentes, rastreando desde los antepasados irlandeses del soldado John Dougherty (cuyo antecesor más sobresaliente, Cahir Ó Docharthaig, condujo en 1608 una virulenta revuelta contra los invasores británicos del Ulster), pasando por la participación de sus descendientes en las guerras civiles argentinas, y retomando la figura de Ricardo Dojorti y su denodado trabajo para que el ferrocarril llegase a Jáchal a principios del siglo pasado.

    Luego, vuelvo a interrogar episodios fundamentales de la vida pública de Eusebio, con la mirada puesta en el enfoque esencialmente cultural que Buenaventura hizo de los dilemas fundamentales de la Argentina. Finalmente, rescato la militancia de Juan Pablo Maestre (el menor de los hijos de Olga y Eusebio, asesinado en 1971 por la dictadura de Lanusse), y postulo la continuidad de un fervor político interesado por la suerte de sus semejantes, pero además atravesado por una fuerte lectura cultural de la cuestión nacional y social.

    En otro orden de cosas, sigo escribiendo notas de opinión sobre la realidad nacional, las que a veces son replicadas en distintos sitios de la “blogósfera”, a la par que estuve trabajando para la sección Efemérides de la Agencia Télam. Y en un plano más personal, estoy haciendo algunas crónicas que van siendo publicadas en un blog de creación colectiva llamado Nuestro Querer.

    Y de esa otra faceta, la de editor…

    Mi experiencia como editor independiente la he volcado en un escrito reciente, que no tendría mayor trascendencia si no fuera porque de alguna manera refleja el modo en que, todavía, nuestra organización cultural repite (al menos en ciertos ámbitos) lo peor del país semicolonial: que nos sigamos desconociendo a nosotros mismos, y que por ende tendamos a la infravaloración de nuestras capacidades y potencialidades, las cuales -siendo tantas- quedan a la vera del camino.

    Recorte de un diario de los años 40 con una semblanza de Buenaventura Luna (Eusebio Dojorti), el poeta, escritor y difusor del folklore argentinoAunque no es el objetivo de la nota, es bueno agradecerle que haya puesto más lumbre a los rescoldos vivos del espíritu creador de Eusebio Dojorti, su abuelo. Seguramente una tarea muy gratificante…

    Ciertamente, sobre todo porque la lectura de los escritos de Eusebio/Buenaventura ha sido y sigue siendo reveladora en el más amplio sentido de la palabra. Podría citar dos o tres axiomas suyos que dan mucha tela para cortar y que sirven para pensar las cosas del país argentino y, generalizando, de otras latitudes también.

    Cuando Dojorti habla, por ejemplo,  de “la superioridad de la palabra” y plantea que “Sólo la palabra es capaz de dar a la inteligencia y a los sentidos la exacta dimensión satisfactoria de todos los valores del espíritu”, está diciendo algo de validez universal que establece  un posible punto de partida para la aventura humana. O cuando asegura que “una civilización puede derrumbarse, y se derrumba, pero la cultura no”, está invirtiendo el dilema de “civilización y barbarie”, nada menos que de su comprovinciano Sarmiento. Y cuando escribe: “Yo tengo de la palabra sentido claro y diverso. A veces se me hace canto, porque la entiendo a la vida como una canción perdida en medio del Universo”; bueno, ahí, sencillamente, se me caen las medias.

    Carlos Semorile, usted es un amigo de nuestro multiportal y lo sentimos siempre muy cerca, colaborando en la búsqueda de temas que, por provincianos como suelen ser, a veces quedan fuera de muchos medios de comunicación. Siempre estaremos atentos a esa novedad literaria que pueda presentar. Corresponde un “hasta siempre”…

    A riesgo de resultarle reiterativo, me despido de usted, amigo Aldiser, con la misma gratitud de siempre porque su generosidad es tan invariable como su don de gentes. Le dejo, entonces, este agradecido abrazo.

    Le agradezco sus palabras, Carlos… y dejamos a nuestros lectores con unas imágenes y sonidos que me han emocionado. El 24 de julio de 2011 los criollos sanjuaninos se fueron con sus cabalgaduras y los blasones de sus peñas y asociaciones a cantarle en su Huaco a don Buenaventura Luna / Eusebio Dojorti… sanjuaninos de generaciones posteriores a la del poeta y pensador que siguen haciendo flamear sus versos y su sentimiento por la tierra…


    Eduardo Aldiser
    Argentina Mundo con los escritores argentinos que mantienen viva las tradiciones de nuestras provincias

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    Lista de comentarios

    Ruben.01/06/2018 08:17:20

    Muchas gracias carlitos por compartir mi video en esta hermosa publicación. Saludos. Washington Ruben Dojorti.

    zulema13/01/2016 22:03:29

    muy ineresante Carlos
    seremos parientes?
    saludos
    zulema

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