• El resero, gaucho de las estancias y provincias argentinas

    A Roberto Santamaría lo podemos escuchar  los lunes a las 18 hs. de Argentina, LA PULPERÍA DE ROBERTO en la emisora FM IBEROAMÉRICA de Mar del PlataSe lo puede llamar a los teléfonos  + (54) 0223 476 2610 / 2611. La figura del resero la asociamos con la del gaucho en general. El poeta marplatense Juan Roque Bonafina nos lo retrata con precisión. Previamente  Roberto Santamaría nos dice desde “La Pulpería de Roberto”


    El resero

    En la pulpería de mis padres llamada “El Pimentón” inaugurada allá por el año 1932, formaban parte importante de la clientela habitual “los reseros”.  Al fondo de la cancha de bochas, bajo unos árboles muy grandes había un fogón donde los reseros solían hacer un alto en el camino y encender el fuego para hacer el asado y calentar el agua para la mateada.

    Durante la noche se turnaban. Mientras unos dormían los demás cuidaban de la hacienda y así esperaban que aclarara el día para continuar la marcha. Yo no me perdía ninguno de esos fogones donde escuchaba de boca de los paisanos, cuentos, sucedidos, historias etc.

    Roberto Santamaría, realizador del programa LA PULPERIA DE ROBERTO en radio FM Iberoamerica de Mar del Plata, lunes, 18 hs. de ArgentinaA continuación voy a transcribir parte de una reseña sobre el resero, que hizo el poeta de Mar del Plata don Juan Roque Bonafina y finalmente el poema que tituló “Adiós resero”

    “Se denomina resero al hombre que montado a caballo, aparta tropas de reses y las conduce de un sitio a otro.

    Al inicio del resero en nuestro país, hay que buscarlo a fines del siglo XVI; en noviembre de 1576 se presentaron al Cabildo de la antigua Santa Fe, solicitudes para registrar marcas de hierro con el fin de marcar “vacas y yeguas”. La primera marca de hierro que quedo asentada ante escribano del Cabildo de Buenos Aires fue el 19 de mayo de 1589 a nombre de Francisco de Salas Videla, y la primera yerra de vacunos se realizo en Cayastaprovincia de Santa Fe entre los años 1575 a 1576.

    De ahí en más, el resero empezó a ser vital para el comercio ganadero de esta tierra. Él fue responsable de los movimientos de los arreos, sin que hayan incidido las distancias ni los peligros que representaban las travesías habitadas por animales salvajes, la presencia activa de los malones, desertores en rebeldía y cuatreros asesinos.

    Debido a las largas distancias que tuvo que recorrer, se movilizaban montados a caballo y con tropilla entablada. La tropilla entablada consiste en un grupo de yeguarizos mansos que se acostumbran,  mediante la enseñanza por parte del hombre, a seguir y obedecer a una yegua madrina, con cencerro. Es de hacer notar que cada cencerro tiene un tañido diferente a otro y esto se consigue a través de la forma, tamaño, peso del badajo y la posición en que va colgado dentro del cencerro.

    El resero pasaba la mayor parte del tiempo a campo raso. Para dormir tendía el recado en el suelo,  al reparo de alguna mata de paja, y cuando no pudo hacer cama por la lluvia, o tuvo que rondar (cuidar) la hacienda en yunta con otro, se turnó para descabezar el sueño de “a caballo”, haciendo equilibrio en los estribos, apoyando las manos cerradas en las cabeceras de los bastos (parte del recado), guareciéndose bajo su poncho, que fue el techo de su existencia.

    Pasaron los años y el viejo resero se fue aquietando, hasta hundirse en el receso permanente, debido al avance del “camión jaulero”, que aun hoy sigue andando por los caminos que se abren hacia todos los rumbos en el territorio de la Nación Argentina”.


    A d i ó s     r e s e r o 

    Autor: Juan Roque Bonafina

    Don Roque Bonafina, poeta y verseador gauchesco. Residía en Mar del Plata, Argentina


    En la llanura surera
    Le saco el bozal a un ruano,
    Y quedo con una mano
    Tanteando la tabaquera.
    Con la otra formo visera
    Pa observar el callejón,
    Y al ver pasar un camión
    Con vacas pa´l matadero
    En la cara del resero
    Trastrabillo un lagrimón.-

    Afloraron en su mente
    Las horas malas de marchas,
    Desollando las escarchas
    O bebiendo aire caliente.
    Oyó la voz de la gente
    Que le iba cortando el paso
    Para ofrecerle un abrazo
    En la puerta del corral,
    Cuando sin errar un pial
    Jugueteaba con el lazo.

    La tropilla de asustada
    Por el toque de bocina,
    Se apretó con la madrina
    Pa volverse a la manada.
    Entre las pajas tiradas
    Quedo la “trebe de fierro”,
    Y cerca de ella el cencerro
    Se atrinchero boca abajo
    Para callar al badajo
    Que le tocaba destierro.

    Los tientos de la encimera
    Se arrugaron de resecos,
    El poncho encerao sin flecos
    Le dio paso a las goteras,
    El sudor de las bajeras
    Se salitró en la carona;
    Y en la maleta de lona
    Que supo ser pa´ los vicios,
    Al terminar los servicios
    Se oxidaron las lloronas.

    Con ese camión jaulero
    Y el avance del progreso,
    Se consolido el receso
    Permanente del resero.
    Ya nunca más el lucero
    Le podrá oír el silbido,
    Porque en el tiempo se ha ido
    Dios sabe pa´ que región;
    ¡galopando un redomón
    Que le ha prestado el olvido!!!!

    EDUARDO ALDISER         
    Argentina, Folklore y Provincias. Recorriendo las provincias pampeanas de Argentina 

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    Lista de comentarios

    Ramon Cabarcos22/12/2014 19:56:08

    muy lindo

    Elízabeth Baby03/11/2014 22:56:03

    Muy buena reseña y hermoso poema... muchas gracias por compartirlo

    cesar j. tamborini duca12/03/2013 10:45:47

    Bravo por Juan Roque Bonafina, muy buen poema en su descripción del resero, apartador de reses para transportarlas largas distancias y sin apuro. Abrazo pampeano

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