• Paquetes de yerba mate de Argentina para el Che Guevara

    Lois Pérez Leira aborda en este capítulo de la trilogía sobre la  vida íntima del Che Guevara, cómo pide paquetes de yerba estando en Cuba y más sobre el tango argentino www.argentinatango.es como una constante. Pueden leer la primera parte Ernesto Guevara, El Che. Sus tangos argentinos, mate, poesía.  De esta misma serie, El tango argentino preferido del Che Guevara. También tenemos publicado  Un tal Ernesto Rafael Guevara. Aquel empleado de Vialidad Provincial en Villa María, Córdoba

    Así nos lo cuenta Lois…

    Con el triunfo de la revolución, Guevara ya establecido en La Cabaña, logra dos objetivos que para él en su vida domestica eran fundamentales: estar abastecido de yerba mate y armar nuevamente su biblioteca personal. Las visitas a Cuba de sus familiares y amigos en los primeros días del triunfo revolucionario, le fueron proveyendo de paquetes de yerba mate producidas en nuestras provincias argentinas y de algunos libros que había dejado  y a los que les tenía especial cariño. Esta sana costumbre de matear, leer poesías, memorizar letras de tangos y declamarlas, lo acompañó durante todos los años de su vida, aun en los más difíciles.

    El Comandante Ernesto Che Guevara, nacido en Rosario, Argentina, tomando mate en un hotelMi amigo, el destacado  periodista Luis Sicilia, en un artículo publicado hace unos años en la revista 3 Puntos, contó los pormenores de un inesperado encuentro que mantuvo con el "Che" en un hotel de Moscú y que demuestra cómo el tango perduraba en el corazón del "guerrillero heroico". No recuerdo con exactitud la fecha  -señala Luis Sicilia- pero fue a comienzos de 1960. Un grupo de periodistas argentinos llegamos a Moscú invitados por la Federación Sindical Mundial… El ruso que oficiaba de guía nos tiró a quemarropa una noticia bomba: "Allí, en ese hotel, está alojado el Che"….."Sube tú solo al segundo piso, habla con la gente que está allí, infórmales que eres compatriota del comandante y que Dios te ayude", fue su consejo. Cuando salí del ascensor me encontré con una señora detrás de un escritorio-trinchera, sin maquillaje, que lucía un enorme rodete y hablaba en perfecto castellano. "No señor, usted no figura en el listado de las personas que tienen audiencia con el camarada Guevara, así que regrese al ascensor..."

    En ese preciso momento comenzó la batalla desigual: yo insistía, ella me rechazaba, yo arremetía levantando la voz, ella amenazaba con llamar a la guardia. Cuando ya me veía en tránsito a un calabozo se produjo el milagro. De una de las habitaciones ubicadas al final del pasillo asomó su cabeza el Che. Sonriente, con un (cigarrillo) Partagás entre los dientes, le dijo a la señora del rodete: "Si es argentino y trae yerba, que pase a tomar unos mates". Lo de la yerba no era cuento. El Che, que era un matero compulsivo, se había quedado con muy poca yerba. Le dije que le haría llegar un paquete que tenía en el hotel, pero me desalentó: "Ni hablar de ello, tú te quedas con tu yerba y yo haciendo gestiones para que me traigan un par de kilos". Si algo no tenía el Che era vocación por los modales diplomáticos. "Cuando hablo con un argentino -me dijo- no pierdo la oportunidad de preguntar cosas sobre el país. Sí, sí, es verdad, yo estoy informado -se atajó- pero no es lo mismo, tú vienes de allá y eso tiene un valor agregado importante."

    Entre las personas que rodeaban al Che estaba Jesús Mansilla, un economista español que, de niño, una vez terminada la Guerra Civil Española, había sido llevado a la URSS junto con decenas de miles de chicos cuyos padres habían muerto en la contienda. Mansilla fue posteriormente un asesor importante del Che cuando éste presidió el Banco Nacional de Cuba. "A este gallego lo estoy civilizando; ya toma mate y escucha tangos. Él me tira fandanguillos y yo le hago escuchar a Gardel. ¿Qué te parece el trueque?", bromeó el Che.

    Durante muchos años guardé apuntes de ese encuentro, razón por la cual hoy, en este pantallazo, puedo reproducir tramos de lo conversado. "Tengo mucho lío aquí en Moscú, -me dijo-, estoy con los minutos contados, ahora mismo debo ir a ver al ministro de Economía de la URSS, un tío que no habla ni jota en español y yo ni jota en ruso. Pero lo tengo a Mansilla, que domina a la perfección ambas lenguas, lo que aquí es un lujo. Si alguna vez viajas a La Habana, pregunta por mí... pero no te olvides de llevar yerba ¿eh?".

    Me acompañó hasta el ascensor y antes de cerrar la puerta disparó la última pregunta:   -¿Dónde naciste?

    -En Buenos Aires

    -Porteño... ¿En qué barrio?

    -En San Juan y Boedo...

    Entonces se produjo el segundo milagro de un día inolvidable. El Che, mientras se despedía con un apretón de manos, ensayó a media voz versos del tango Sur de Homero Manzi: "San Juan y Boedo antiguo, cielo perdido, Pompeya y más allá la inundación...".

    "Otra que fandanguillo, gallego", le dijo el Che a Mansilla, que nos miraba sin entender un comino, remata Sicilia.

    Imagen del argentino Ernesto Che Guevara con indumentaria del ejército de CubaGuevara seguirá por aquellos años recorriendo muchos países del mundo llevando la voz de la revolución cubana. En sus múltiples viajes se vincula con los movimientos revolucionarios africanos que luchaba por la independencia. Producto de aquellas relaciones internacionales el Che y el gobierno Cubano deciden apoyar la guerrilla en el Congo. El escritor Paco Ignacio Taibo II en su libro “Ernesto Guevara, también conocido como el Che” nos cuenta sobre aspectos de su etapa en la guerrilla del Congo: “Y en medio de este desastre, el Che cantaba tangos desafinados, leía las obras escogidas de Martí, las obras escogidas de Carlos Marx, la biografía de Carlos Marx hecha por Mehring, El Capital. Leía también los periódicos y revistas que le llegaban. Y en medio de esta pausa forzosa decidió que para algo podía servir la medicina tantas veces postergada y organizo la atención medica”.  Al retirarse del Congo, se traslada hasta Tanzania donde se instala unos meses para luego partir para Praga. En aquella ciudad continua clandestino mientras decide los futuros planes revolucionarios.

    Fidel Castro preocupado por su seguridad, intenta que regrese a Cuba  y envía a  José Gómez Abad “Diosdado” para convencerlo. El Che que ya se había despedido de Cuba públicamente en una emotiva carta, no quiere revertir esta decisión. Durante las largas conversaciones con Diosdado, este nos cuenta el interés del Che por la literatura: “Me habló de su afición por la poesía, considerándose, como él mismo se auto tituló, “un poeta frustrado”. Me pidió que cuando regresara a Cuba fuera a ver a su esposa, y le dijera que le enviara el libro de poesías de León Felipe que tenía en su habitación. En un viaje posterior comprobé que lo había recibido.” José Gómez Abad cumplió con su misión y Guevara regreso clandestinamente a Cuba para preparase para su última misión internacionalista: Bolivia.

    Argentina, tango, mate y poesía cuatro palabras que siempre acompañaron al Che.

    Lois Pérez Leira

    BIBLIOGRAFIA
    Taibo Paco Ignacio: Ernesto Guevara, también conocido como el Che. Ediciones Planeta. Barcelona, 2008 / Froilán Escobar y Feliz Guerra: Che, Sierra adentro. Ediciones Unión, La Habana, 1982 / Portuondo, Yolanda Guillermo Sardiñas, El sacerdote Comandante. Editorial Cultura Popular, La Habana, 1987 / Sicilia Luis, Revista 3 Puntos / Alfredo Gabela, entrevista / Carlos “Calica” Ferrer, entrevista / Oscar Fernández Mel, entrevista.

    Otras notas del autor:
    Gallegos en Argentina. La historia de Manuel Antonio Salgueiro
    El mundo del hampa en Argentina. Julio Valea, el “Al Capone Gallego” (1)
    Tango argentino e historia gallega. Gardel en Vigo
    El voto de los argentinos que viven en la Provincia 25

    Argentina Tango
    ha sido distinguida en el Congreso de la Nación, Buenos Aires, Día del Tango de 2012

     

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    Lista de comentarios

    OSCAR.12/02/2013 20:41:49

    GRACIAS QUERIDO EDUARDO. UN FUERTE ABRAZO. LA IDENTIDAD , LA AUTOESTIMA Y LA FUERZA NO ESTAN PERDIDAS. LA LIBERTAD HAY QUE GANARLA TODOS LOS DIAS.

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